174. ¿Por qué los egipcios pintaban de perfil?

Los que seáis de mi generación, seguro que sabéis lo que tenéis que hacer si escucháis la canción “Walk like an Egyptian” de las Bangles: empezar a andar de perfil colocando los brazos paralelos al suelo. Y es que el elemento más reconocible de la pintura egipcia es su peculiar forma de representar la figura humana. Los personajes que pueblan las paredes del interior de tumbas y templos aparecen representados en extrañas posturas, pareciendo casi contorsionistas, ya que el cuerpo y las piernas aparecen de perfil mientras que el pecho lo hace de frente, como si caminaran de lado en vez de hacerlo de frente. Pero, ¿a qué se debe este peculiar estilo?

La perspectiva (o la falta de ella) en pintura

Cuando vemos ejemplos de arte de tiempos pasados representados torpemente o de forma poco realista, tendemos a pensar que se debe a una falta de pericia por los artistas de la época. Pero, aunque es cierto que el nivel técnico para representar la realidad tridimensional en dos dimensiones fue cambiando a lo largo de la historia -y, por cierto, no de forma lineal-, hay veces que la ausencia de realismo tiene que ver con la existencia de otros intereses o funciones de ese arte y no con una falta de maestría.

Perspectiva y puntos de fuga
Puntos de fuga (dibujo: Wikipedia)

Por otro lado, hay que recordar que lo que da aspecto realista a una representación que intenta plasmar la tridimensionalidad es la perspectiva, que, a través de los puntos de fuga, consigue dar profundidad a un espacio. Y la perspectiva, aplicada de forma científica, no aparece hasta el Renacimiento, aunque los pintores romanos -y probablemente los griegos- consiguieron recrear espacios con intentos de perspectiva bastante loables.

La pintura egipcia

En el caso del arte egipcio, es esto lo primero que debemos constatar: no aplican la perspectiva en la representación de escenas. De ahí que, cuando intentan mostrar un espacio amplio en el que se distribuyen grupos de personas o varias filas de animales, no los coloquen sucesivamente hacia el fondo de la composición, disminuyendo su tamaño según se alejan del espectador, sino que los representen uno tras otro, como si fueran caminando ordenadamente en fila. Para remarcar la disposición de varios animales y que, al estar superpuestos, no se mezclen sus figuras, van alternando los colores de los mismos, como podemos ver en este fresco:

Fresco de la Tumba de Nebamun
Fresco de la Tumba de Nebamun (foto: British Museum)

Lo mismo podemos decir de esta escena de banquete que, como la anterior, procede de la Tumba de Nebamun. Los asistentes al banquete no están sentados uno detrás de otro, postura poco cómoda para conversar, sino que en realidad estarían dispuestos en círculo, por parejas o de cualquier otra forma más lógica. Pero, en vez de representárseles en perspectiva, representando la profundidad de la estancia y su colocación en la misma, los representan en fila.

Fresco de la Tumba de Nebamun
Fresco de la Tumba de Nebamun (foto: British Museum)

La ley de la máxima claridad

Personajes en fresco egipcio
(foto: blog UNED).

Volvemos a retomar el primer punto del que hablábamos. Enlazado con la ausencia perspectiva, el arte egipcio incorpora otro elemento fundamental: la ley de la máxima claridad. Consiste en representar cada elemento desde el punto de vista más reconocible y que nos permita identificar perfectamente lo que está representado. En el caso del cuerpo humano, se aplica de la siguiente manera: los personajes se dibujan de perfil, ya que así podemos ver mejor qué están realizando y, sobre todo, se les aplica una intención de movimiento, de desplazamiento, cosa que es mucho más fácil lograr adelantando una pierna en una figura de perfil que si el personaje estuviera de frente; sin embargo, tanto el ojo como el tronco de la figura, aparecen como si los viéramos de frente, ya que esta es su posición más reconocible.

La ley de la máxima claridad se hace todavía más evidente cuando hablamos de espacios arquitectónicos. Fijaos en este fresco que, una vez más, procede de la tumba de Nebamun:

Fresco de la Tumba de Nebamun
Fresco de la Tumba de Nebamun (foto: British Museum)

En una representación en perspectiva, el estanque o piscina se representaría a ras de suelo, con los bordes del mismo convergiendo hacia un punto de fuga. Veríamos el estanque como si estuviéramos delante de él, en un paisaje real. Pero si eliminamos la perspectiva y buscamos el punto de vista más reconocible, no hay duda de que este es el cenital, es decir, la observación del estanque desde el cielo. Si se representara a ras de suelo, sin perspectiva, no entenderíamos qué estamos viendo. Pero los artistas todavía iban más allá. Si hubieran sido consecuentes, también los árboles y los animales dentro del estanque, los hubieran plasmado desde una vista cenital. Pero no sería su punto de vista más representativo, ya que veríamos las copas de los árboles y los lomos de los peces, algo difícil de identificar. De ahí que representen a los árboles y a los animales de perfil, para reconocerlos mejor. ¿Qué consecuencia tiene esto desde la mirada del s. XXI? Que podríamos pensar que los árboles están caídos sobre el suelo y los peces muertos, flotando sobre el agua. Pero un ojo egipcio entendía a la perfección esta visión que, al fin y al cabo, respondía a un convencionalismo en la representación artística, consensuado tanto por los artífices de la obra como por los espectadores.

Apliquemos este mismo principio a la representación de una mesa de ofrendas, repleta de alimentos, ante la que se sienta el difunto. Antes de observar la imagen que viene a continuación, os propongo que hagáis el siguiente ejercicio: ¿cómo dibujaríais esta escena, aplicando la ley de la máxima claridad, es decir, escogiendo en cada elemento el punto de vista más representativo? El resultado es el siguiente. El personaje aparece de perfil, como hemos visto anteriormente. Lo mismo ocurre con la mesa. Pero, en cambio, las ofrendas depositadas en ella, se colocan apiladas, como si formaran una columna vertical, aunque en la realidad habrían estado horizontalmente colocadas sobre la superficie de la mesa. Pero de ser así, solo habríamos visto unas pocas, las más cercanas al espectador, y se habría perdido la constatación de la riqueza de las ofrendas que, además, debían estar dibujadas para, mágicamente, llegar a la vida eterna y poder ser disfrutadas por el difunto.

Tumba de Nakht (foto: Metropolitan Museum)

Creo que lo mejor para despedir este post es remitir a esa maravillosa canción con la que comenzaba el primer párrafo. Así que, ya sabéis, ahora todo el mundo a andar como los egipcios:

5 Comments

  1. Me ha sorprendido la lógica y contundencia de la explicación , que ahora me parece evidente , antes cuando veía las imágenes y las pinturas de los egipcios pensaba que pintaban como pintaban por razones de cultura propia que les hacían ver las cosas así, ahora lo comprendo mucho mejor, ESKARRIKASKO

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