242. El nefasto destino de Medusa
Medusa: ¿monstrua o víctima?

Medusa de Caravaggio (foto: Wikimedia Commons)
Hace unos años, en este mismo blog, narré la historia de Medusa. Pero, curiosamente, lo hice desde el punto de vista de su asesino, Perseo, ocultando el protagonismo que ella se merece. Y es que Medusa, una de las tres Gorgonas, ha sido un personaje demonizado que siempre se nos ha presentado como la esencia del mal y de la amenaza, cuando, en realidad, su auténtica historia nos habla de una dramática injusticia.
La verdadera historia de Medusa
Medusa era una de las tres Gorgonas. Ella y sus hermanas Esteno y Euríale eran hijas de las deidades marinas Ceto y Forcis. En origen, el aspecto de Medusa era muy diferente al de la imagen de mujer monstruosa con la que todos la visualizamos. Era una joven sacerdotisa de gran belleza que, tal y como narraba Ovidio en Las Metamorfosis, destacaba sobre todo por su extraordinaria cabellera.
Medusa fue violada por Poseidón, el dios del mar, en el interior del templo de Atenea. Y como es común en los relatos de la mitología clásica, la víctima se convirtió en culpable. Atenea, ultrajada por la profanación de su espacio sagrado, en vez de dirigir su ira al dios violador, se vengó en la joven Medusa, transformando su hermoso pelo en una maraña de serpientes. No se conformó con este terrible gesto, sino que le otorgó una mirada petrificante. Desde aquel día, todo aquel que era contemplado por Medusa se convertía en piedra.
Medusa como símbolo
La historia de cómo Medusa fue decapitada por el héroe Perseo ya os la conté en el post previo al que hacía referencia al principio. Si ya de por sí la pobre Medusa arrastraba un pasado trágico, acabar con la cabeza decapitada y exhibida como una proeza era el más trágico de los finales para esa historia ya trágica de por sí. Lo más increíble del relato es que su poder petrificador se mantuvo incluso tras su muerte. Cuando Perseo acudió a liberal a Andrómeda, encadenada en una roca en medio del mar a la espera de ser devorada por un monstruo marino, convirtió en piedra las algas marinas con la cabeza cercenada, dando lugar así al coral.

Antefija con la imagen del Gorgoneion (foto: Cleveland Museum of Art)
El Gorgoneion
Tal eres el poder de la cabeza de Medusa que se convirtió en un importante símbolo: el Gorgoneion. Con un aspecto grotesco, la cara redonda, la nariz chata, la lengua fuera en un gesto burlesco y amenazante, ojos saltones y unos terribles colmillos asomando por su sonrisa exagerada, el Gorgoneion se convirtió en un símbolo de terror sagrado destinado a proteger. Es lo que en antropología se denomina «valor apotropaico».
En la época arcaica era común su aparición en distintos soportes, desde el espectacular frontón del templo de Corfú hasta las antefijas, piezas cerámicas que funcionaban tanto como pieza ornamental como un elemento para sujetar las tejas de las techumbres de los templos.
Perseo regaló este símbolo, terrible y benefactor al mismo tiempo, a Atenea, en agradecimiento por haberle prestado su escudo para vencer a la Gorgona. La diosa del intelecto y de la guerra la colocó sobre su égida, la coraza protectora elaborada con la piel de la cabra Amaltea, que había amamantado a Zeus, un ejemplo entre tantos de la complejidad de los mitos griegos que se van entrelazando y entretejiendo como una red de innumerables filamentos.

Atenea con la cabeza de Medusa sobre la égida (foto: La Misma Historia).
Y ya que hablo de filamentos, así termino la historia: el nombre del animal marino conocido como Medusa proviene, precisamente, de sus largos filamentos que recuerdan al cabello de serpientes de la malograda Gorgona.







