235. Karl Marx y el materialismo histórico
Karl Marx

Karl Marx (imagen: Bellaterra Edicions)
«¿Es el Marxismo una filosofía?». Así comienza Francisco José Martínez el capítulo dedicado a Marx en el libro «Filosofía y cultura». Y es que Karl Marx (1819-1883) fue periodista, escritor y político, además de filósofo, y sus teorías han sido fundamentales en la Economía, Política o Historia. Fue uno de los grandes pensadores del s. XIX y aportó a la filosofía un aspecto revolucionario: la praxis. Todas sus bases teóricas sirvieron a un objetivo común: la transformación del mundo.
Nacido en Tréveris (Trier), en el seno de una familia judía, convertida a la fe evangélica, estudió Derecho y Filosofía en las Universidades de Bonn y Berlín, doctorándose con una tesis sobre Demócrito y Epicuro. Ya casado, se instaló en París en 1848, donde conoció a Friedrich Engels, su fiel colaborador y coautor de muchas obras, como El manifiesto comunista, publicado ese mismo año. Instalado con su familia en Londres poco tiempo después, permaneció allí hasta el final de sus días, pasando épocas de auténtica penuria económica.
Desde sus primeros trabajos profesionales como periodista, comenzó a identificarse con la izquierda, formando parte de grupos como la Liga Justa o los Jóvenes Hegelianos. No terminaba de identificarse con el socialismo utópico de Proudhon o Saint-Simon por considerarlo carente de una dimensión práctica.
La Filosofía de Marx
La base de su pensamiento filosófico partió de Hegel de quien tomó el concepto de la dialéctica. Pero su gran aportación fue prescindir de su dimensión idealista para conducirla al materialismo. Esta base matérica de lo que somos y de lo que nos rodea fue un auténtico punto de cambio respecto al Racionalismo y al Idealismo. La dialéctica de Hegel se convierte en Marx en el eterno movimiento y conflicto que provoca la lucha de clases.
El Capital y el materialismo histórico

Portada de «El Capital» (imagen: Wikimedia Commons)
Comenzó estudiando la Historia, a la que convirtió en ciencia, para contar con un análisis teórico en el que poder basar su propuesta transformadora. En su obra magna, El Capital, publicada en 1867, proponía que toda sociedad, pasada o presente, se constituía a partir de una infraestructura económica. Sobre ella, se erige la superestructura, que incluye los sistemas políticos, ideológicos, simbólicos o artísticos. Desde el materialismo dialéctico o materialismo histórico, es la base económica y no las ideas la que conforma todo el registro socio-político en el que nos movemos. Como arqueóloga de formación, acostumbrada a trabajar exclusivamente desde los restos materiales que encontramos en las excavaciones, se percibe claramente cómo los avances tecnológicos -la cerámica, la rueda, la escritura- responden a transformaciones económicas previas.
Marx, partiendo de su teoría del materialismo histórico, propuso la existencia de cinco modos de producción: el comunismo primitivo (sociedades prehistóricas), el esclavismo (Grecia, Roma), el Feudalismo (Edad Media), el Capitalismo (Edad Moderna y Contemporánea) y el Comunismo, que para él fue una aspiración y no una realidad.
Conceptos claves del materialismo histórico
Los modos de producción se establecen a partir de los conceptos claves definidos por Marx que tan bien recogió Marta Hanecker en Los conceptos claves del materialismo histórico. Los medios de producción son los talleres, la maquinaria, la industria. Quienes los poseen van a ser los que accedan al poder político y económico. Solo pueden funcionar mediante las fuerzas productivas, es decir, la energía que incluye a las y los trabajadores, a la mano de obra. Las relaciones de producción son las relaciones sociales que se establecen entre todos estos elementos y que van a definir los medios de producción con la presencia de las clases explotadas: esclavos, siervos de la gleba o proletariado.
Los dueños de los medios de producción se apropian de la plusvalía del trabajador. Una mercancía tiene un valor de uso: es su valor real, su valor matérico. Pero también tiene un valor de cambio, que es su precio de mercado. La diferencia -el beneficio, al fin y al cabo- no recae en quien ha producido la mercancía, sino en quien posee los medios de producción.

Tumba de Marx en Londres (imagen: CNN)
Y así se produce la alienación del trabajo: nos cosificamos, nos convertimos en seres que producen, en homo faber. Es tan peligrosa como la alienación de la religión, el opio del pueblo según Marx, ya que promulga la aceptación del status quo en pro de una recompensa en el más allá. Ricoeur definió en 1969 a Marx, Nietzsche y Freud como los filósofos de la sospecha. Sospechan que tras el poder y las ideas preconcebidas se ocultan intereses e impulsos: económicos, según Marx; morales y religiosos, según Nietzsche; subconscientes, según Freud.
Para acabar con la apropiación de la plusvalía del trabajador, con el valor de cambio y con la alienación del trabajo hay que educar al proletariado y conducirlo a la revolución. Esta es la transformación, esa misma transformación que defendía en la tesis 11 de Feuerbach. Solo la praxis, la transformación a través de la revolución, permitirán alcanzar la dictadura del proletariado, el comunismo, acabar con la lucha de clases y acceder a la tan ansiada libertad.
(Este texto fue respuesta de María José Noain Maura al examen de la UNED de la asignatura “Filosofía de la Edad Moderna”)









