243. Las hermanas Feillet

Las hermanas Feillet

Vista de Hondarribia. Blanche Hennebutte Feillet

Vista de Hondarribia. Blanche Hennebutte Feillet (imagen: Album siglo XIX)

Tradicionalmente, el grabado se ha considerado un arte de varones. Si ya es difícil encontrar nombres de mujeres artistas profesionales en otras disciplinas como el dibujo o el óleo, en el caso de los aguafuertes y litografías, tal vez por la supuesta fuerza física que se necesita para manejar un tórculo o una plancha litográfica, parecía que eran prácticas exclusivas del talento masculino.

Por eso es especialmente interesante el caso de las hermanas Feillet que rompieron con estos estereotipos de género y se revelaron como dos mujeres de gran talento que se dedicaron profesionalmente al arte, cultivando principalmente la litografía. Esta técnica de impresión gráfica debe su nombre a que la plancha que se utiliza está realizada en piedra. Sobre ella, jugando con capas de materia grasa y capas acuosas que no se mezclan entre sí, se entintan ciertas zonas, dejando el resto sin tocar. A diferencia del grabado calcográfico más tradicional, siempre en blanco y negro, la litografía incorporaba el color.

Las hermanas Feillet dejaron constancia de su paso por Hondarribia con varios dibujos y grabados, todos ellos propios del estilo romántico imperante en la época. Pero hasta llegar a su trabajo en nuestra villa, bien merece la pena repasar su biografía.

Hélène y Blanche

Feillet

Catedral de Bayona, Hermanas Feillet. (Imagen: Bilketa)

La primogénita de las Feillet fue Héléne (1812-1889), tres años mayor que Blanche (1815-1886), que tras su matrimonio con Charles Hennebutte en 1844, adoptó su apellido, pasando a ser conocida como Blanche Hennebutte. Nacieron en París y recibieron una educación artística de la mano de su padre, el pintor Pierre Jacques Feillet, que había sido un pionero en Francia en la técnica litográfica.

En 1829, Pierre Jacques se trasladó a Madrid y fue acompañado por sus dos hijas. Se desplazaba hasta allí para participar en un proyecto artístico de gran interés, liderado por José de Madrazo, fundador de una saga de reputados pintores. Se trataba de reproducir mediante litografías algunas de las grandes obras del Museo del Prado, entre las que se encontraban cuadros de Tiziano, Velázquez, Murillo o Rubens. Esta era una práctica común para favorecer la difusión y popularización de las obras más emblemáticas de la colección de la pinacoteca.

Allí, Hélène y Blanche se introdujeron en el ambiente artístico de la capital. Durante su estancia, Hélène colaboró con cinco litografías en la revista El Artista, siendo la más emblemática la que acompañaba al célebre poema de José de Espronceda, La canción del pirata. También realizó dos ilustraciones, basadas en la obra de Genaro Pérez de Villaamil, pintor y grabador de tintes románticos del que ya hemos hablado en este blog, que se incorporaron a la publicación Panorama Matritense de Ramón de Mesonero Romanos.

Llegada a Bayona del Duque y la Duques de Orleans. Hélène Feillet

Llegada a Bayona del Duque y la Duques de Orleans. Hélène Feillet. Museo Vasco de Bayona (imagen: Museo Zumalakarregi)

La familia Feillet regresó a Bayona en 1834. Allí las hermanas continuaron con su labor artística, que también incluía pinturas al óleo. En 1842, el Ministerio Interior Francés, con motivo del fallecimiento del Duque de Orleans, encargó a Hélène una obra que inmortalizara la visita que el noble había realizado a la ciudad en 1839. El lienzo, que hoy en día puede verse en el Museo Vasco de Bayona es, por tanto, de temática histórica, género poco común entre las mujeres artistas.Parece evidente que la pintora tenía que gozar de cierto éxito hasta el punto de recibir un encargo oficial de estas características, lo cual queda ratificado por los retratos que realizó a algunos de los miembros más destacados de la sociedad bayonesa de aquel momento. No fue su única incursión en el género histórico: en el Salón de París de 1845 expuso El embarque de La Fayatte en 1777 en el puerto de Pasajes en su primer viaje a América.

Aun instalada en Bayona, Hélène siguió enviando lienzos a las exposiciones de la academia madrileña, cosechando buenas críticas en la prensa de la época. Hasta tal punto tuvo éxito, que la reina Isabel II compró dos obras en 1846 y 1847: un paisaje de la costa de Biarritz con el mar agitado, de paradero desconocido, y una imagen costumbrista de un mercado de pescado en Pasajes, conservado por Patrimonio Nacional.

Por su parte, Blanche llegó a ser directora de la Escuela de Dibujo y Pintura de Bayona, en 1855, heredando el cargo que había ostentado su padre desde 1844. La escuela, en la que permaneció hasta 1871, había sido fundada en 1778, siendo, por tanto, una de las más antiguas de Francia.

Artistas y viajeras

En Bayona fue donde Blanche se casó con Hennebutte, hecho que abrió una nueva puerta al trabajo de las dos hermanas. Charles era impresor y editor, y, entre las distintas obras que impulsó, publicó varias guías de viajes por el País Vasco, siendo la más conocida de todas Guide du Voyager de Bayonne à St-Sébastian, editada en 1852. Entre los destinos que incluyeron en la publicación, no podían faltar las turísticas localidades de Biarritz y San Sebastián, o pueblos como Hondarribia que todavía no habían despuntado como destino vacacional. Pero, curiosamente, también abrieron la mirada a zonas industriales como Tolosa y sus modernas papeleras, y recogieron la importancia de lugares históricos como el Santuario de Loyola o la casa natal de Zumalakarregi.

FeilletBlanche y Hélène fueron las responsables de ilustrar este libro de viajes en un momento en el que la fotografía, aunque ya se había inventado, seguía siendo todavía una práctica restringida. Recorrieron la costa vasca, acompañadas del marido de Blanche, realizando apuntes del natural de los parajes más pintorescos que después convertían en litografías a su regreso a Bayona. Además de su valor artístico, son realmente interesantes como testimonio de una época que nos muestra los lugares tal y como eran en el s. XIX.

 

Ilustrando el País Vasco

FeilletEn muchos casos, se conserva el dibujo original y la litografía resultante, aportando valiosa información sobre el proceso técnico entre ambas fases del trabajo. Los textos que acompañaban sus litografías fueron escritos por el propio Charles que ofrecía las claves para conocer la historia de las localidades, pero también las anécdotas sobre las costumbres del lugar o consejos prácticos para los viajeros.

En la imagen escogida para ilustrar Hondarribia, podemos ver la característica imagen de la Calle Mayor, desde la puerta de Santa María, con la torre de la Iglesia asomando al fondo. También existe una bella vista del perfil del casco histórico representada desde Hendaia y otra, probablemente, desde la zona del Puntal. En ocasiones, los dibujos se desechaban y no llegaban a convertirse en litografías, como es el caso de una pintoresca vista de la calle Tiendas y sus balcones en voladizo. Las hermanas trabajaban codo con codo de tal manera que, en ocasiones, incluso una de ellas realizaba el dibujo mientras que la otra llevaba a cabo la litografía.

En otros casos, las ilustraciones eran xilografías, realizadas sobre planchas de madera, más sencillas y esquemáticas. Muestran paisajes y ciudades que, a veces, incorporan habitantes de la zona, con los tipos e indumentarias propias del País Vasco. Son un extraordinario testimonio de los lugares por los que pasaron, pero también del trabajo de dos mujeres pioneras que abrieron el camino a otras grabadoras.

ESTE ARTÍCULO HA SIDO ESCRITO PARA LA REVISTA DE HONDARRIBIA, EN LA QUE SE PUBLICÓ, EN EUSKERA, EN EL Nº 407 (octubre de 2025)

 

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