Psicosis

Psicosis

La película Psicosis (Psycho), dirigida por Alfred Hitchcock, se estrenó en el año 1960. Fue una producción de Paramount Pictures, con Anthony Perkins, Janet Leigh, Vera Miles y John Gavin como protagonistas, guion de Joseph Stefano y banda sonora original de Bernard Herrmann.

Atraído por el éxito de las películas de terror, género al que pertenece Psicosis, Hitchcock compró los derechos de la novela de Robert Bloch para poder adentrarse en un género que le resultaba novedoso. La producción tuvo un coste de 800.000 $ y recaudó en taquilla más de 32 millones. ¡No le salió nada mal la iniciativa!

El éxito de público no fue al principio secundado por la crítica que, poco tiempo después, comenzó a encumbrar Psicosis hasta convertirla, con el paso del tiempo, en una obra referencial que marcó el inicio de una nueva forma de abordar el género. La película influyó muchísimo en la configuración del terror moderno y de las películas slasher.

Análisis de una secuencia

No voy a continuar hablándoos de la película en general, sino que voy a presentaros una secuencia en concreto. Hice el trabajo para la asignatura «Historia del Cine» y, aunque es un análisis que puede resultar demasiado prolijo, creo que es interesante para transmitiros la idea de que, en una buena película, nada es casual: cada plano, cada recurso cinematográfico, cada elección de un objeto de atrezzo, de la música, de la posición y colocación de los personajes, responde a una intencionalidad por parte del director y de las personas implicadas en el rodaje, para causar un efecto determinado en el espectador, del que la mayoría de las veces ni siquiera somos conscientes.

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La llegada al Motel Bates

La secuencia escogida para su análisis es la que se desarrolla entre el minuto 26:08 (llegada de Marion al Motel Bates) y el 43:39 (regreso de Norman a su casa). En esta secuencia vemos como Marion Crane (Janet Leigh) llega al Motel Bates. Entra en la recepción y, como no encuentra a nadie, se asoma al exterior observando la casa que se alza en la colina. En una de las ventanas iluminadas, Marion ve la sombra de una mujer. Vuelve a entrar en el coche, hace sonar el claxon y avisa de su presencia. A los pocos segundos, un joven, Norman Bates (Anthony Perkins), sale de la casa y la atiende. Marion se registra con un nombre falso y le pregunta por la posibilidad de cenar en algún sitio.

Tras instalarla en la habitación, Norman le invita a compartir cena con ella en la mansión, oferta que Marion acepta. Mientras espera que Norman le avise, abre su maleta y esconde el dinero robado en un periódico. Escucha una discusión entre Norman y su madre que proviene de la mansión. Norman regresa con la comida y le explica que es mejor que cenen en una salita contigua a recepción.

Allí se desarrolla una larga conversación que comienza de manera distendida pero que se tensa en el momento en el que Marion da su opinión sobre la madre de Norman. Marion se retira a su habitación y Norman regresa a la salita, descolgando uno de los cuadros para espiarla.

La secuencia escogida es fundamental en el relato narrativo de Psicosis. La llegada al motel y el asesinato que tendrá lugar poco tiempo después suponen un cambio radical en el argumento que dará paso a la segunda parte de la película: Marion muere y toda la trama se centrará en la investigación de su desaparición. Además, presenta por primera vez al personaje de Norman e irá mostrando una serie de sutiles cambios que constituirán una amenaza latente generadora de suspense e inquietud.

La llegada al motel es hasta tal punto clave en la historia que, en la novela original, la narración empieza precisamente en este momento y el robo se narra a través de un flashback.

Análisis de los códigos visuales y narrativos

Todos los planos que conforman esta secuencia se suceden por cortes sin transición. La secuencia comienza con dos planos generales que nos permiten reconocer, aun siendo noche cerrada, las formas del Motel Bates y de la mansión sobre la colina. Este último plano está en contrapicado, contribuyendo a hacer la presencia de la casa todavía más amenazadora. A partir de aquí, el plano medio es el mayoritario en la secuencia escogida, que se va a centrar en el encuentro entre Norman y Marion.

Los planos medios se completan con primeros planos del rostro de Norman, de gran fuerza dramática. También hay una serie de planos detalle, perfectamente escogidos para llamar la atención sobre cuestiones que van a ser fundamentales en el desarrollo de los acontecimientos: la firma de Marion en el libro de registro; el periódico que a Marion le sugiere dónde esconder el dinero y la colocación de este sobre la mesilla de noche. La secuencia culmina con el primerísimo plano del ojo de Norman espiando a la joven.

Los detalles narrativos mostrados a través de la imagen, a lo largo de la secuencia, son de gran sutileza. En recepción, Norman duda de qué habitación entregar a su huésped. Su mente psicótica ya está dudando respecto a los sentimientos que esa mujer le despierta: ¿debe ofrecerle una habitación normal o llevarla a la que tiene el agujero en la pared por el que podrá espiarla? ¿Dejará pasar su presencia en el motel o se convertirá en una víctima más?

La dualidad de Norman

Cuando Norman regresa con la bandeja de la cena, vemos un plano medio que encuadra a los dos personajes. Norman se refleja en ese momento en el cristal de la ventana de la habitación. Explica a Marion la asfixiante presencia de su madre, que no ha contemplado con buenos ojos la posibilidad de que cenen juntos. Este reflejo es la forma que utiliza Hitchcock para hablar de sus dos personalidades -la suya propia y la de su madre- que conviven y luchan en su interior.

En un momento dado, Marion se atreve a criticar a la madre de Norman y la conversación distendida se quiebra. Hitchcock nos transmite la importancia de este giro con un cambio de plano: Norman aparece en contrapicado, reforzando este efecto por la iluminación contrastada y la siniestra presencia de aves disecadas al fondo. El personaje se ha engrandecido, ha adquirido cierto poder, transmutando su timidez en una fuerza que premoniza su violento arrebato.

Hay un segundo cambio: cuando Marion propone a Norman que ingrese a su madre en un sanatorio su actitud se radicaliza y se pone a la defensiva. Hitchcock refuerza esta transformación con un segundo cambio de plano, pasando del contrapicado anterior a un primer plano, en el que la fuerza expresiva del protagonista, que oculta una tensión interior, es reforzada por el cuervo disecado que aparece a su izquierda -un ave de rapiña, al fin y al cabo-.

Y llega la escena de la ducha

La frase “¿qué sabrás tú de humanidad?” resume esta tensión y, según avanza el diálogo, Norman va acrecentando su ira contenida. Finalmente comenta: “Todos nos volvemos un poco locos a veces”. Es una frase cargada de significado, que, inevitablemente, ha de provocar inquietud en el espectador, generando suspense y sirviendo como aviso para la siguiente secuencia, la más icónica de toda la película, en la que Norman asesinará a Marion en la ducha. Curiosamente, la frase de Norman, además de asustar a Marion, le servirá como revulsivo: en ese instante, constata el error cometido con el robo del dinero y decide subsanarlo.

Después de que Norman comprueba que Marion ha firmado con un nombre falso, regresa a la salita. Su rostro ya no es el mismo y el suspense se acrecienta. Descuelga un cuadro de la pared, tras el que se oculta un agujero por el que espía a Marion en su habitación, que, desnudándose, aparece en ropa interior, una escena de gran carga erótica para la época.

El espectador voyeur

Con este plano, los propios espectadores nos convertimos en voyeurs. No era la primera vez que Hitchcock utilizaba este recurso: en Easy virtue (1927) enmarca con una puerta el interior de una habitación en la que su cámara voyeurista nos muestra a los personajes como si estuviéramos espiándolos por el ojo de una cerradura. En La ventana indiscreta (1954), toda la trama parte del voyeurismo de James Stewart, que, condenado a estar en casa por haberse roto la pierna, espía a los vecinos de la casa de enfrente. En Psicosis era un concepto fundamental, ya que el propio Hitchcock manifestó a Truffaut que, iniciando la película con la cámara introduciéndose en la habitación de hotel donde encontramos a los amantes Marion y Sam, estaba autorizando al público a convertirse en voyeur.

El primerísimo plano del ojo de Norman de perfil, espiando a su víctima, constituye un elemento terrorífico en sí mismo: ya no hay dudas sobre la atormentada personalidad de Norman que esconde una violencia latente tras su pacífica apariencia. La última imagen que veremos de Marion será un plano detalle de su ojo: asesino y asesinada quedan simbólicamente unidos por la mirada.

Esta mirada y los ojos están muy presentes en esta película, pero también en otras: la más simbólica es la escena del sueño, diseñado por Salvador Dalí, que perturba de manera inquietante a Gregory Peck en Recuerda.

La fotografía

Respecto a la fotografía e iluminación, la película está rodada en blanco y negro, una apuesta estética clara por parte de Hitchcock -además de un recurso para abaratar costes-, ya que había rodado sus anteriores éxitos (Vértigo, 1958, y Con la muerte en los talones, 1959) en color. La iluminación contrastada que vemos en toda la secuencia, con marcados claroscuros y sombras exageradas, es propia del cine de suspense y de terror. Tuvo su inicio en el expresionismo alemán del que Hitchcock fue gran consumidor durante su juventud.

El punto de la secuencia en el que más claramente se ve el contraste lumínico es el que recoge el diálogo que Marion y Norman tienen durante la cena. Es de noche, pero la habitación no está iluminada artificialmente como correspondería a un hogar normal, sino que se haya en penumbra. Las sombras de los pájaros disecados se proyectan de manera nítida -y escalofriante- contra las paredes.

Otro elemento clave es la iluminación del rostro de Norman: durante el diálogo de la cena la mitad de su rostro está iluminada y la otra mitad queda en penumbra. Puede tratarse, una vez más, de una manera de mostrar la dualidad de su psicótica personalidad.

Elementos simbólicos: la casa

La dirección artística de la secuencia, a través de la vivienda, los pájaros y los cuadros, es magistral. La casa donde viven Norman y su madre aparece por primera vez, desde un plano subjetivo de Marion, alzándose siniestramente sobre la colina por encima del motel. La iluminación contrastada, con el edificio sumido en la oscuridad y las ventanas iluminadas, genera una sensación de pesadumbre que dista mucho de la iluminada versión del pintor Edward Hopper. Nos referimos al cuadro Casa junto a vías de tren, que el artista pintó en 1925.

Hitchcock, que definió esta arquitectura como “gótico californiano”, consideraba que iba muy bien con la atmósfera que buscaba. No declaró abiertamente haberse inspirado en el cuadro de Hopper, pero sí es conocida su admiración por el pintor, del que pueden verse resonancias en muchas otras de sus películas. Tanto el aspecto de la casa como el ángulo desde el que se retrata en el cuadro es muy similar a la versión que vemos en la cinta.

Este tipo de mansión gótica se convirtió en un elemento icónico en las películas de terror, derivando sobre todo hacia el concepto de casa encantada: desde La casa encantada de Robert Wise (estrenada tan solo tres años después de Psicosis), hasta La cumbre escarlata de Guillermo del Toro (2015), los ejemplos se multiplican.

Elementos simbólicos: los pájaros

Los pájaros son otro elemento aterrador. Disecados por Norman, aparecen de manera amenazadora en la decoración de la salita donde cenan, como ya hemos mencionado. Psicosis se estrenó en 1960, siendo, por tanto, anterior a Los Pájaros, de 1963, pero la comparación entre ambas referencias es inevitable. Es, desde luego, una elección de Hitchcock, ya que en la novela original Norman diseca animales como ardillas, pero no pájaros. En su entrevista con Truffaut, Hitchcock hizo referencia a esta cuestión: “Estos pájaros [el búho] pertenecen al dominio de la noche, son acechadores y esto halaga el masoquismo de Perkins. Conoce bien a los pájaros y se sabe observado por ellos. Su propia culpabilidad se refleja en la mirada de esos pájaros que le vigilan”).

Todavía más interesantes son los cuadros que decoran la habitación, también una incorporación de la versión cinematográfica que en la novela no aparece. Su temática no puede estar mejor escogida. Se trata del episodio del Antiguo Testamento de “Susana y los viejos”, en el que dos ancianos espían a Susana, desnuda en el baño. Este tema se convirtió en la historia del arte es un paradigma de la mujer seductora y, al mismo tiempo, remite al voyeurismo de los ancianos que espían a la joven, exactamente como hace Norman con Marion.

De las numerosas versiones que existen, Hitchcock escogió la del pintor neerlandés barroco Willem van Mieris (1662-1747). Lo más increíble de esta historia es que el cuadro fue robado del museo Hyacinthe Rigaud de Perpignan en 1972. ¿Tal vez por un fanático de la película?

Los códigos sonoros

La banda sonora de Bernard Herrmann, colaborador habitual de Hitchcock, fue fundamental en el éxito de Psicosis. La estridencia de los violines está presenta en los principales motivos musicales. En la secuencia escogida, se arranca sin banda sonora, solo con la fuerza dramática del estruendo de la lluvia y de los limpriaparabrisas que siguen en movimiento cuando Marion entra en la recepción del hotel. Una vez los personajes están dentro, dejamos de oír la lluvia y se inicia el diálogo entre ambos.

La música de la banda sonora se retoma en el momento en el que Norman abandona la habitación y Marion deshace su equipaje. Su principal preocupación es decidir cómo esconder el dinero y el tema musical que la acompaña transmite una sensación de incertidumbre que respalda sus dudas. La orquesta se desvanece en el momento en el que Marion escucha la conversación proveniente de la mansión, a un mayor volumen del que la distancia real permitiría, como una voz en off, a modo de sonido extradiegético identificable, ya que no vemos a Norman y a su madre, pero sabemos que son ellos.

Transcurre fuera de campo, lo que la hace más enigmática todavía. En cuanto la conversación termina, los violines vuelven a irrumpir recuperando el mismo tema musical de la escena anterior que refuerza la inquietud que inevitablemente ha tenido que sentir Marion ante la violenta discusión. Al poco tiempo del inicio del diálogo, la música desaparece para irrumpir de nuevo en un momento clave: el primer plano de Norman, en el que ya se ha producido su transformación. Los violines sonarán de forma estridente en la última escena del diálogo: el horror está a punto de comenzar.

La creación del terror moderno

Suele considerarse que Psicosis supuso un cambio radical en la historia del género del terror. Con esta película se cerraba el terror clásico para iniciar el terror moderno. Hasta esta película, Hitchcock había basado su filmografía en un elemento fundamental: el suspense . Para el director este era el auténtico reto del cine: generar situaciones que nos someten a una tensión amenazante a la espera de que suceda algo hacia lo que nos conduce la trama, la atmósfera y la música.

Sin embargo, el director plantea Psicosis como una cinta de terror. No renuncia, sin embargo, a seguir utilizando el suspense como herramienta clave para tensionar al espectador. El sutil cambio en la expresión de Norman que precede a la escena en la que espía a Marion es clave en este sentido: ha dejado de ser un inocente muchacho, dominado por su madre, a un presunto criminal que espía a su víctima. A partir de ese momento el suspense nos va a llevar en tensión el fatídico desenlace.

El terror psicológico

Terror psicológico y suspense se funden de manera magistral. El personaje del psicópata o asesino en serie (psycho killer) se convirtió en un leit motiv de gran éxito, un subgénero dentro del cine de terror. Frente a monstruos sobrenaturales, tan populares en los inicios del cine como Drácula o Frankenstein, lo realmente inquietante del asesino en serie es que es un personaje real, que puede acechar en nuestras vidas, como fue el caso de M, el vampiro de Düsseldorf de Fritz Lang (1931).

La interpretación de Anthony Perkins fue impecable para construir el personaje. Norman trasmite una primera impresión que contribuirá a reforzar la sorpresa del final de la película: es tímido e inseguro, educado y cortés. Incluso en algunos momentos tartamudea al hablar. Su carácter amable, casi infantil, se ve truncado de pronto. El éxito que en taquilla tuvo Psicosis ayudó a la consagración de este tema. La lista de serial killers en el cine es tan amplia que es difícil escoger alguno. Basten como ejemplo Hannibal Lecter, desde su primera aparición en El silencio de los corderos (Jonathan Demme, 1991) o el asesino interpretado por Kevin Spacey en Seven (David Fincher, 1996).

Todo esto se entremezcla con la figura del voyeur que espía a una mujer indefensa, como en Durmiendo con su enemigo de Joseph Ruben (1991) por citar un ejemplo en el que el voyeur se convierte, como en Psicosis, en un personaje que se introduce en el ámbito doméstico de su víctima, en el espacio más íntimo de nuestra cotidianeidad. Esa es la auténtica amenaza.

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