171. La manzana (segunda parte)

En el último post hablaba de la importancia de la manzana como símbolo en la tradición cristiana y en la mitología clásica. Y ya avanzaba que hoy continuaría con otros episodios de la cultura en el que esta humilde fruta es protagonista. Aunque podemos entender el Juicio de Paris como el episodio más famoso de la mitología clásica en la que aparece la manzana, no es el único.

El Jardín de las Hespérides

Metopa del templo de Olimpia
Metopa del Templo de Zeus en Olimpia con escena del Jardín de las Hespérides (foto: María José Noain)

En esta ocasión, el protagonista de la historia es el héroe Heracles, conocido como Hércules por los romanos. Para expiar un pecado cometido, tuvo que llevar a cabo sus famosos Doce Trabajos. El undécimo de ellos consistía en robar las manzanas de oro del Jardín de las Hespérides, un maravilloso jardín situado en los confines del mundo conocido. Tras un azaroso viaje, consiguió llegar a su destino donde también se encontraba el titán Atlas, que sujetaba el orbe terrestre. Heracles convenció al titán de que le buscara y consiguiera las manzanas, a cambio de lo cual le sustituiría en el pesado trabajo, nunca mejor dicho, de sostener el mundo. Atlas entregó las manzanas a Heracles y, cuando estaba a punto de largarse para disfrutar de su recién conseguida libertad, Heracles le suplicó que sostuviera el mundo solo un momento para poder colocarse un cojín y suavizar la tarea. ¿Qué creéis que pasó cuando Atlas agarró de nuevo la tierra? Heracles puso pies en polvorosa, llevándose consigo, por supuesto, las manzanas, convertidas esta vez en motivo de engaño.

Atalanta

Estas manzanas de las Hespérides del mito anterior son las mismas que aparecen en el relato de Atalanta. Esta joven había consagrado su vida a Artemisa, lo que implicaba mantenerse virgen. No está claro si esta promesa tenía que ver con su fidelidad a la diosa de la caza o con el oráculo que había predicho que el día que se casara se convertiría en animal, lo cual no es plato de buen gusto para nadie. En cualquier caso, la joven, conocida por sus dotes como atleta, anunció que solo se casaría con aquel que consiguiera vencerla en una carrera, segura de que era una meta imposible.

A pesar de que aquellos que perdieran la carrera estaban condenados a morir, Hipómenes decidió probar suerte. Con lo que no contaba Atalanta es con que Hipómenes iba a recibir la ayuda de Afrodita, siempre anhelante de participar en las contiendas amorosas. La diosa de amor ofreció a Hipómenes las manzanas de las Hespérides y el muchacho las fue arrojando al suelo, según avanzaba la carrera. Eran tan bellas las frutas de oro que Atalanta se paraba a recogerlas cada vez que una caía al suelo. A través de esta fraudulenta estratagema, Hipómenes venció en la carrera y desposó a Atalanta.

Hipómenes y Atalanta
Hipómenes y Atalanta, Guido Reni, 1618-1619 (imagen: Museo del Prado).

Pero, a pesar de que los jóvenes fueron felices durante un tiempo, una historia con manzanas de por medio no podía terminar bien. En una de sus correrías entraron en un templo dedicado a Cibeles donde hicieron el amor. La diosa, enfadada, los transformó en leones: desde ese día tiran del carro que conduce la diosa. ¿Os suena la imagen?

Fuente de Cibeles
Fuente de Cibeles en Madrid (foto: Comunicae).

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