177. La mujer en el arte del s. XIX (segunda parte)

La femme fatale en la mitología e historia clásica

Pandora

Pandora“, 1881
Lawrence Alma-Tadema (1836-1912)
Colección particular

Pandora es la primera mujer con nombre propio en la mitología clásica. Presa de su curiosidad, abrió el ánfora que contenía todos los males del mundo. Cerró la tapa a tiempo de conservar un único elemento, la esperanza, lo último que se pierde. Por una mala traducción, el ánfora se convirtió en “la caja de Pandora”, que es como suele representarse esta figura que resultó ser icónica en el s. XIX.

Alma-Tadema fue el pintor que más acertadamente recogió los temas de la Antigüedad en su obra, motivo por el que suele considerársele un pintor neoclásico, aunque en muchos sentidos su obra podría ser tildada de romántica. En este caso encontramos la obra con la que obtuvo el diploma de la Royal Watercoulour Society y el único cuadro sobre mitología griega que pintó en su madurez. A pesar del origen griego del personaje, Alma-Tadema colocó una esfinge egipcia en la tapa de la caja.

El artista, que gozó de gran prestigio en la Inglaterra victoriana, dentro de los cánones del academicismo, realizaba un exhaustivo trabajo de documentación para representar los decorados arqueológicos en los que se encuadraban sus escenas, aunque en el caso que nos ocupa es tan sólo el mar el que ejerce de telón de fondo, sustituyendo a las habituales arquitecturas de mármol blanco.

Alma-Tadema recibió cierta influencia de Gérôme, especialmente en sus cuadros pompeyanos, pintados durante la década de 1860, momento en el que se conocieron los dos artistas. Ambos habían desarrollado un interés similar por la antigüedad, pero mientras Gérôme se centraba en representaciones de carácter erótico (como en el cuadro “Friné ante el areópago”) o en derramamiento de sangre (sus series de gladiadores o la muerte de César), Alma-Tadema llevó a cabo una combinación mucho más sutil de referencias y alusiones arqueológicas y literarias.

Fue un pintor que perteneció a la tradición académica, pero al mismo tiempo, sus innovaciones superaron los límites del academicismo. En palabras de Barrow, “sus recursos compositivos y su utilización de imágenes codificadas influyeron en el arte progresista europeo, concretamente en el simbolismo”. De ahí que, a pesar de que su figura fue por completo olvidada entre 1920 y 1960, desde hace varias décadas haya sido rescatado como una de las más importantes referencias de la pintura británica del s. XIX.

Calipso

“Odiseo y Calipso”, 1882
Arnold Böcklin (1827-1901)
Kunstmuseum Basel (Basilea, Suiza)

Según nos narra la Odisea, Ulises permaneció siete años en compañía de la ninfa Calipso. Tras esta larga estancia, Ulises se dio cuenta de que tenía que continuar con su periplo para regresar a Ítaca y decidió abandonar a Calipso. Böcklin capta a la perfección el momento antes de la partida, en el que Ulises es poco más que una sombra, una silueta recortada contra el cielo que, ensimismada, piensa en su propia partida. Calipso, a la derecha, enmarcada por la entrada a la gruta que habita, luminosa y sobre esa mancha de rojo intenso, observa al héroe, melancólica, intentando atraparle con su mirada pero consciente y al mismo tiempo resignada, de que no puede retenerle más.

Böcklin tuvo gran afinidad con el arte clásico, que cultivó a través dos estancias en Roma, donde recibió la influencia del historiador del arte Jacob Burckhardt. Inspirado en la mitología, orientó su arte hacia un simbolismo impregnado de literatura, recreando escenas de atmósfera inquietante.

Circe
Circe de Waterhouse

Circe ofreciendo la copa a Odiseo”, 1891
John William Waterhouse (1849-1917)
Gallery Oldham (Oldham, Inglaterra)

De nuevo recurrimos a la Odisea para presentar otro de sus personajes femeninos, en este caso la hechicera Circe que transformó a la tripulación de Ulises en animales. Aquí vemos a une mujer poderosa, sentada en su trono cuyo respaldo es un espejo en el que vemos reflejado a Ulises y a su barco. A los pies de la maga aparece tumbado un jabalí, uno de los marineros metamorfoseado. Circe levanta una copa y un cetro, como parte de su magia, y eleva el rostro en una posición altiva.

Waternouse fue un pintor cercano a la Hermandad Prerrafaelita, movimiento artístico inglés que pretendía regresar a la pureza de la pintura anterior a Rafael. Se especializó en temas mitológicos clásicos, con un halo esteticista que recuerda la obra de Alma-Tadema. Dentro del repertorio del pintor encontramos una serie entera dedicada a magas. Junto con la Circe que hemos escogido, se encontraban “El círculo mágico” y “Jasón y Medea”.

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