247. La Odisea de Nolan: Homero frente a la pantalla

La Odisea de Nolan o cómo revisitar a Homero

Odisea de Christopher Nolan

Meses después de su estreno en julio de 2026, La Odisea de Christopher Nolan sigue generando polémica y no es casualidad: pocas adaptaciones se prestan tanto a la discusión de «¿qué se puede tocar del original y qué no?». Suelo ser muy crítica con estas cuestiones y no me gusta cuando las películas se saltan a la torera algunos datos históricos que conocemos bien. Pero no aplico este criterio en este caso, en el que me parece que está justificada la forma en la que el director revisita el poema.

Así que os voy a compartir mi lectura. Y voy a exponer mi conclusión antes que mis argumentos: la película me ha encantado, me parece una obra maestra cinematográfica, y me posiciono a favor de ella incluso mirándola con mis ojos de arqueóloga e historiadora. Dicho esto, hay matices y os los voy a contar.

Lo que se pierde por el camino

Stamnos con Odiseo y las Sirenas. British Museum

Stamnos con Odiseo y las Sirenas. British Museum

Toda adaptación implica la mirada del director o directora: puede quitar episodios, añadir otros, cambiar la interpretación o perspectiva, introducir modificaciones, al final y al cabo, entre las que algunas duelen más que otras.

Por ejemplo, una de las primeras intenciones que detecto en Nolan es que rebaja bastante la carga mitológica y fantasiosa del relato homérico: el episodio de Polifemo se resuelve de forma mucho más breve y terrenal que en el poema, las diosas y los dioses apenas están presentes, las sirenas no aparecen como esos terribles pájaros con cabeza femenina sino que son unas mujeres reclinadas en las rocas, cuyo poder solo intuimos a través del canto… En general, y aunque sigue contando con elementos sobrenaturales, es un relato más histórico que mitológico. Y sin saber la auténtica intención del director, intuyo que es una decisión muy meditada para dar visos de realidad o pseudorealidad a la narración.

Grupo de Odiseo de Sperlonga, Italia

Grupo de Odiseo de Sperlonga, Italia

Mientras que hay escenas que me sobran un poco —la de los lestrigones, sin ir más lejos— hay otras, que han sido totalmente eliminadas, cuya ausencia sí pesa: el encuentro de Odiseo con Nausícaa en la playa de los feacios es un punto de giro fundamental en la estructura del poema, y su desaparición dinamita parte del andamiaje narrativo que Homero había construido con tanto cuidado.

Qué nos cuenta el atrezzo

Cerámica micénica

Cerámica micénica. Metropolitan Museum de Nueva York

Donde la película compensa con creces es en la dirección artística: espacios, edificios, vestimentas, armas. Es llamativo que, cuando Nolan decide mantener la veracidad arqueológica lo hace con maestría: recuerdo haberme fijado al menos tres piezas de cerámica que son réplicas exactas de cerámica micénica documentada en yacimientos reales, de la misma manera que los espacios de Troya e Ítaca responden bastante bien a la arquitectura defensiva y palacial que conocemos a través de las excavaciones.

Sin embargo, Nolan aplica el estilo libre en muchos otros elementos. Desde la vestimenta, las panoplias militares o la joyería, totalmente ajenas a la realidad histórica, hasta el significativo ejemplo de que el barco de Odiseo no es una réplica de una nave griega sino de un barco vikingo.

Y aquí, como en lo relativo a la presencia mitológica, tengo mi propia teoría: Nolan mezcla a propósito referencias visuales e iconográficas de distintas épocas. Quiere hacer algo así como una épica de épicas, un relato de origen griego pero que se convierte en una historia universal que se relata, de diferentes maneras, en prácticamente todas las culturas del mundo. Es cierto que sus referencias son exclusivamente occidentales -al fin y al cabo, el origen del relato es Mediterráneo-, pero tenemos a Grecia, a Roma, referencias orientales, medievales y, como antes decía, al mundo vikingo. Una mezcla heterogénea de héroes, batallas y panoplias que nos permiten entender que la Odisea es un relato global y atemporal.

Desordenar el tiempo, a la manera de Homero

La película está llena de flashbacks, alternando constantemente presente y pasado. A primera vista podría parecer un capricho de guion, pero responde exactamente a la lógica del poema original. La Odisea arranca casi al final del periplo de Odiseo. Cuando llega como naúfrago a las costas de la isla de los feacios y es presentado en la corte, un aedo comienza a narrar los episodios de la Guerra de Troya, incluida la famosa escena del caballo que, en realidad, no es relatada en la Iliada. En ese momento, Odiseo comienza a llorar, revela su auténtica identidad y nos narra, a modo de flashback, todo lo ocurrido hasta ese momento en su azaroso regreso a Ítaca. El desorden cronológico, por tanto, no es un defecto o elección que Nolan introduce: es un recurso que hereda.

Circe, Calipso y el tiempo que no se cuenta

Circe. John William Waterhouse, 1891

Circe. John William Waterhouse, 1891

Creo que hay una mirada general a la figura de Odiseo que lo presenta como un héroe maltratado por el destino que le retiene diez años alejado de su familia. Si nos limitamos a la sensación creada en torno al personaje, pensaremos que vive atormentado por el deseo de volver a encontrarse con su esposa Penélope. Pero no hay que olvidar que, de los diez años que le costó regresar a Ítaca, Odiseo pasó uno como amante de Circe y siete más con Calipso. Es cierto que en este último caso era la ninfa quien lo retenía, pero lo que quiero recordar es que ese largo viaje no estuvo exclusivamente plagado de peligros y desventuras, sino que también contó con ese tiempo de sexo y relajo.

Siempre me ha enfadado un poco el blanqueo de estos dos episodios y cómo el foco se pone en el anhelado encuentro entre Odiseo y Penélope. Esta se convirtió en modelo icónico de la fidelidad conyugal, mientras su marido hacía justo lo contrario. Y Nolan refuerza, una vez más, la ocultación de estos dos episodios. Circe es una mujer resentida, y no la maga poderosa que en realidad es, y no tiene ninguna relación con Odiseo más allá del enfrentamiento por la conversión en cerdos de sus hombres. Por su parte, Calipso aparece como una presencia etérea, con la que no tiene ningún contacto físico, y que le ayuda a comer -y dejar de hacerlo- las flores de loto (otro episodio totalmente distinto del relato) para olvidar o recordar, cuando llega el momento.

Ni Homero es intocable ni Nolan es hereje

Odisea de Christopher NolanY aquí está, creo, la idea que sostiene toda la serie de reflexiones: la comparación «fiel al original / traición al original» es una dicotomía demasiado simple. El propio texto que ha llegado hasta nosotros tiene sus propias inconsistencias, silencios y transformaciones, producto de una tradición oral que se fue fijando por escrito a lo largo de generaciones.

Mientras que la Guerra de Troya transcurre en torno al 1180 a. C., el texto homérico no se fijó por escrito hasta el siglo VIII a. C.. Además, la copia más antigua de la Odisea que ha sobrevivido es ya de época romana. Si a esto sumamos su identidad como texto épico, la realidad histórica de dos tiempos y el añadido de elementos mitológicos, no me parece que sea un texto canónico que sea imprescindible respetar en sus adaptaciones. Así como sabemos con pelos y señales cómo fue la historia de Napoleón y de ahí que le pidamos a Ridley Scott un poquito más de rigor, la Odisea es un palimpsesto de épocas e historias que encaja muy bien en una reconstrucción desde distintas miradas. Ea, ahí queda.

¿Y a ti qué te pareció la versión de Nolan?

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